Te hago una pregunta simple.
Cuando tu hijo salió solo por primera vez, ¿qué hiciste?
Le dijiste: — No hables con extraños.
— Mirá antes de cruzar.
— Respetá el semáforo.
— Si pasa algo, llamame.
No le prohibiste la calle.
Le enseñaste a usarla.
Ahora decime algo…
Cuando le diste el celular por primera vez, ¿hiciste lo mismo?
Porque ahí está el problema.
Estamos debatiendo si hay que prohibir el uso del celular a menores, como se está planteando en España y en otros lugares. Y entiendo la preocupación. El grooming existe. El ciberbullying existe. La exposición es real.
Pero prohibir no educa.
Prohibir tranquiliza a los adultos.
Educar protege a los chicos.
Si vos le sacás el celular hasta los 16, ¿qué pasa cuando lo tenga?
¿Va a saber cómo funciona la privacidad?
¿Va a entender qué es su huella digital?
¿Va a distinguir manipulación de información real?
¿Va a saber qué hacer si alguien lo acosa?
O lo único que va a haber pasado es que aprendió a usarlo a escondidas.
La tecnología no es opcional. Es el entorno donde van a estudiar, trabajar y construir su vida profesional. Hoy un celular no es solo entretenimiento. Es comunicación, aprendizaje, inteligencia artificial, trabajo, creación.
Entonces la discusión no es si lo usan o no.
La discusión es: ¿quién los forma para usarlo bien?
Yo estoy convencido de algo: la alfabetización digital tiene que empezar desde jardín de infantes. Igual que enseñamos educación vial, tenemos que enseñar educación digital.
Qué se comparte.
Qué no se comparte.
Qué es consentimiento.
Qué es privacidad.
Qué es manipulación.
Qué hacer si alguien te incomoda.
Y también —esto es clave— enseñarles que la tecnología no es solo para consumir. Es para crear.
Porque si no los formamos, no los estamos protegiendo. Los estamos dejando vulnerables.
Y ojo: esto no es solo escuela. Es casa.
Los adultos también tenemos que actualizarnos. No podemos acompañar lo que no entendemos. No podemos supervisar un mundo que desconocemos.
No se trata de espiar.
Se trata de conversar.
De estar presentes.
De conocer las plataformas.
De entender cómo funcionan los algoritmos.
La tecnología no reemplaza la crianza. La vuelve más exigente.
Yo no digo “libertad total”.
Digo responsabilidad compartida.
Porque si les prohibimos todo por miedo, lo único que logramos es que lleguen al mundo digital sin herramientas.
Y el mundo digital no va a desaparecer.
Entonces prefiero chicos formados que chicos prohibidos.
Porque prohibir es apagar el dispositivo.
Educar es encender criterio.
Y el criterio es lo único que realmente los protege.
