En los últimos meses, el anuncio de una posible planta industrial vinculada al llamado “hidrógeno verde” en la ciudad uruguaya de Paysandú encendió alertas y abrió un debate que vuelve a atravesar el río Uruguay. El proyecto, impulsado por la empresa HIF Global, prevé producir combustibles sintéticos a partir del hidrógeno obtenido con energías renovables y dióxido de carbono.
Mientras desde Uruguay se lo presenta como una inversión estratégica dentro de la transición energética, del lado argentino comenzaron a surgir preocupaciones vinculadas al impacto ambiental, territorial y social que podría tener una industria de gran escala ubicada frente a ciudades turísticas del río Uruguay, como son Colón y San José.
El tema llegó incluso a la agenda política. El gobernador de Entre Ríos, Rogelio Frigerio, ratificó públicamente la defensa del turismo entrerriano ante el proyecto, mientras que distintos sectores políticos y sociales pidieron que se evalúe el impacto ambiental del mega emprendimiento también del lado argentino. A su vez, legisladores provinciales presentaron acciones judiciales vinculadas al caso y reclamaron que se cumplan los acuerdos internacionales sobre el manejo compartido del río Uruguay. En paralelo, organizaciones sociales y ambientales comenzaron a movilizarse. En Colón, vecinos y vecinas que integran la Multisectorial Somos Ambiente, que desde hace más de un año sigue de cerca el avance del proyecto, analiza información técnica y promueve instancias de debate público.
Para comprender mejor qué se discute cuando se habla de hidrógeno verde y cuáles son las preocupaciones que emergen desde el territorio, La Mala dialogó con dos voces que vienen trabajando el tema desde perspectivas diferentes: Carlos Serratti y Mariana Moricz, ambos vecinos de Colón e integrantes de la multisectorial ambiental.
UNA MIRADA DESDE EL TERRITORIO
Carlos Serratti es docente de la Licenciatura en Geografía de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader) y, dentro de la carrera, forma parte de un grupo de estudio sobre ciudades intermedias. Desde su perspectiva, una de las primeras cuestiones a aclarar es el propio concepto con el que se presenta el proyecto: “En realidad no es una planta de hidrógeno verde, es una planta que utiliza el hidrógeno producido de modo verde, porque lo hacen con energía renovable”.
“Se utiliza mucha energía para romper la molécula de agua en un proceso de electrólisis, que es cómo se separa el oxígeno por un lado y el hidrógeno por el otro. Ese hidrógeno se captura para luego ser mezclado con el dióxido de carbono que proviene de la incineración de rezagos forestales. Entre la mezcla de los dos, un 25% de hidrógeno y un 75% de dióxido de carbono aproximadamente, obtienen metanol”, especificó Serratti.

Según explicó, el proceso implica manejar sustancias que requieren estrictos protocolos de seguridad: “El problema más grave es el hidrógeno, porque es altamente explosivo, es una molécula muy complicada, hay que tener mucho cuidado con eso. Luego, también el metanol es una sustancia muy tóxica”.
En esta línea, el docente subrayó un punto de los más polémicos: la cercanía del mega emprendimiento con zonas habitadas. “La planta está a tres mil quinientos metros de Colón. La posibilidad de que ocurra un accidente, por las características de la industria y por el volumen que está planteado producir (876.000 toneladas por año), hace que el riesgo sea creciente. Lo hemos consultado con distintos profesionales en seguridad industrial y ninguno garantiza riesgo cero”.
“La planta está a tres mil quinientos metros de Colón. La posibilidad de que ocurra un accidente, por las características de la industria y por el volumen que está planteado producir (876.000 toneladas por año), hace que el riesgo sea creciente”
“Dentro de un radio de 12 kilómetros habitan unas 55.000 personas aproximadamente. Ese es el problema mayor: una población vulnerable que va a vivir en estado de incertidumbre”, destacó Serratti. Y mencionó la falta de información pública sobre aspectos clave del proyecto: “Muchos análisis aún se desconocen, las sustancias que maneja la empresa, lo que sale por las chimeneas, cuáles son los protocolos de seguridad ante imprevistos. Todo eso se desconoce”.
Consultado sobre antecedentes similares en la región, el profesional sostuvo que no existen proyectos de esta escala funcionando actualmente: “Te diría que este es el mayor emprendimiento que quieren hacer funcionar, porque los demás proyectos que había en distintos lugares del planeta se cayeron todos. La producción de hidrógeno y combustibles sintéticos todavía no tiene una demanda que permita sostenerlos”.

Sin embargo, Serratti explicó que no está en contra de que en un futuro se siga en ese camino: “Creemos que es una alternativa a los hidrocarburos. Siempre puede haber riesgos, pero para evitarlos deben estudiarse bien las condiciones y los lugares de emplazamiento. El hidrógeno es un vector energético interesante para ser estudiado. Pensamos que puede ser una solución hacia un futuro con un desarrollo tecnológico más avanzado”.
En esta línea, el docente advirtió sobre el impacto territorial y ambiental que podría tener en una zona con ecosistemas sensibles: “Tenemos un sitio Ramsar (un humedal de importancia internacional) a menos de diez o doce kilómetros. Toda esa zona es de aves migratorias protegidas. Ese tipo de cosas no sé si las han considerado. Evidentemente no, porque si no, no hubiesen elegido ese emplazamiento”.
“Los gobiernos pasan, los pueblos quedan. Y normalmente los que cargan con las consecuencias son las familias que habitan estas territorialidades”
“La idea que tiene Paysandú es ampliar su parque industrial hacia el norte de la ciudad, o sea frente a Colón. Ahora se está hablando, incluso, de instalar una papelera. Eso implica tener industrias pesadas frente a una ciudad de 55 mil habitantes a 3.500 metros de distancia”, insistió Serratti. En ese contexto, señaló que la discusión tiene también una dimensión regional: “No puede ser que el desarrollo de uno sea en perjuicio de otro. Los gobiernos pasan, los pueblos quedan. Y normalmente los que cargan con las consecuencias son las familias que habitan estas territorialidades”.
ORGANIZACIÓN SOCIAL PRESENTE, PERO ¿ESCUCHADA?
Mariana Moricz es vecina de Colón desde hace unos años y una de las referentes de la Multisectorial Somos Ambiente. Ella, al igual que Serratti, plantea que el debate también tiene que ver con cómo se presenta el proyecto públicamente: “No es un proyecto de hidrógeno verde, sino una refinería de combustibles sintéticos que utilizará hidrógeno verde en su primera etapa para luego producir metanol y derivados. Ese nombre busca generar un sentido ecológicamente amigable, pero es marketing para lograr aceptación social”.
“Nuestro cuestionamiento fundamental es la ubicación elegida. Siendo una ciudad turística y una región reconocida por su riqueza natural, sentimos una amenaza sobre el desarrollo preexistente en la zona”, expresó, al tiempo que contó cómo comenzó la organización vecinal: “En un comienzo hubo un lobby fuerte para instalar la idea de que esto no nos iba a perjudicar, que no contaminaba, que no pasaba nada”.
Este escenario generó en muchos vecinos desconfianza y motivó la organización: “Hoy, un año y medio después de su anuncio, toda la sociedad despertó y está movilizada intentando que esto no se concrete. Pretenden producir 870.000 toneladas de metanol anuales. No existe en el mundo una planta de este tipo y de este tamaño en funcionamiento. Seríamos algo así como conejillos de indias”.

Entre otros impactos posibles, ya explicados por Serratti, Moricz mencionó los residuos del proceso industrial: “Generarán 30.000 toneladas anuales de ceniza por la quema de biomasa forestal. Los lixiviados de todo eso, ¿qué efecto causarán en el suelo y las partículas en el aire?”. Además, advirtió sobre los efectos económicos en la región: “Existe el riesgo de pérdida de empleo en turismo y la pérdida de valor patrimonial de las propiedades e inversiones”.
“Hubo un primer momento en el que la reacción fue no reaccionar. Con el correr del tiempo, a medida que se fue conociendo más información y por la movilización de la comunidad, las autoridades comenzaron a expresarse en contra”, recordó la vecina, pero consideró que, “más allá de los discursos, lo que necesitamos son gestiones concretas, es necesario respetar los acuerdos internacionales sobre el manejo compartido del río Uruguay y los principios precautorios ambientales”.
“Lo que necesitamos son gestiones concretas. Es necesario respetar los acuerdos internacionales sobre el manejo compartido del río Uruguay y los principios precautorios ambientales”
Para los próximos meses, la multisectorial busca ampliar el alcance del debate: “Creemos que es muy importante que esta problemática llegue a Buenos Aires. Hoy es en Cancillería y en la Presidencia de la Nación donde puede encontrarse una llave para resolver este problema. Si esta industria se logra instalar en ese lugar, la zona va a cambiar muchísimo. El uso compartido del río, de las playas y de las islas se va a modificar completamente”.
¿OTRA VEZ NOS DAN LA ESPALDA?
Industrias de gran escala instaladas frente a ciudades cuya economía depende del turismo, del ambiente y del uso compartido del río Uruguay. Proyectos presentados como motores de desarrollo, discusiones sobre estudios de impacto ambiental, promesas de tecnología segura, reclamos por la cercanía con centros urbanos, movilizaciones sociales que cruzan la frontera y tensiones diplomáticas entre dos países que comparten un mismo curso de agua.
Debates sobre quién asume los riesgos, quién obtiene los beneficios y qué lugar ocupa la voz de las comunidades que viven del otro lado del río. Una historia de incertidumbre, de vecinos organizados y de decisiones tomadas a pocos kilómetros de poblaciones enteras. ¿Les resulta conocida esta historia?
