¿POR QUÉ VIAJAMOS?

FIEBRE DEL TURISMO EN BRASIL

A raíz del boom de argentinos en el país vecino, lxs antropólogxs Ornella Zollo y Axel Weissel proponen repensar esta práctica desde las ciencias sociales. El turismo ha sido una herencia de las clases acomodadas que, durante el siglo XXI, se convirtió en un derecho adquirido del pueblo trabajador que, permanentemente, entra en tensión con las crisis económicas.

Texto: Ornella Zollo y Axel Weissel, Arqueoterra | Fotografía: Celeste García
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A lo largo de los siglos las sociedades se han desplazado por todo el planeta Tierra por diversas razones: buscando alimentos, agua, tierras fértiles, escapando de incendios o de guerras, por amor, por ambición, en búsqueda de “oportunidades” económicas, por ocio, descanso y para conocer nuevos lugares. Estas últimas razones son a las que se denomina turismo.

Los viajes turísticos son aquellos que se realizan fuera del entorno habitual y por un plazo temporal corto. A nivel mundial el turismo de masas creció después de la Segunda Guerra Mundial y en Argentina fue promovido durante las primeras presidencias de Juan Domingo Perón (1945-1955) con el acceso de las clases populares al derecho a las vacaciones remuneradas.

Desde entonces diferentes medidas estatales buscaron el incremento de esta industria nacional para incentivar el consumo en los mercados regionales-locales y el ingreso de divisas desde el extranjero. Pero ¿qué pasa si hacer turismo en Argentina es más caro que viajar fuera del país? ¿qué sucede con el ingreso de divisas y el mercado turístico nacional?


Según datos de una empresa consultora nacional (que nos solicitó mantener el anonimato) este año en Argentina la venta de viajes a Brasil creció un 32% en cantidad de reservas en relación al mismo período del año pasado. Entre los destinos más elegidos se encuentran Río de Janeiro, Búzios, Porto Galinhas y Florianópolis. Este crecimiento se debe a que “la brecha entre los tipos de cambio se achicó y que también aumentó la oferta de vuelos a diferentes destinos y eso permitió acceder a tarifas más competitivas que el año pasado”, indicaron en la consultora.

En este sentido, diferentes informes periodísticos indican que la devaluación del real es la principal razón por la cual este verano aumentaron notablemente las ventas de viajes a Brasil. De forma similar, Chile también ha sido uno de los destinos preferidos por el turismo argentino para ir de compras este verano. Los medios de comunicación dicen que “es más barato ir a Brasil de vacaciones que quedarse en Argentina”: el precio de los alojamientos es más bajo, la comida es más económica y abundante, la ropa y los electrodomésticos, también.

En ese marco, nos preguntamos: ¿Brasil está barato o vivir en Argentina es caro?

¿La situación económica motiva a la gente a la exploración de nuevos lugares? ¿Por qué viajan las personas? ¿Dónde quedó el turismo como consumo local y como acción de soberanía nacional?  ¿Es la salida de divisas un problema para este gobierno? ¿La industria nacional debería prestar atención a esta situación?

EL TURISMO, LA OTREDAD Y BRASIL

Las antropólogas Saida Palou Rubio y Fabiola Mancinelli, en su texto El Turismo como refractor, proponen que el turismo, al igual que la antropología, tiene “sed de otredad”. Desde ahí invitan a pensar la relación entre antropología y turismo como búsquedas de conocer lo diferente, de acercamientos hacia otras personas y su cotidiano, a sus culturas. Una forma, incluso, de conocernos a nosotros mismos. Bajo esa premisa el turismo permite el intercambio cultural y el acercamiento a “lo nuevo, lo diferente” (y también a lo propio). Sin embargo, los turismos no son extraños a las relaciones asimétricas de poder y a las relaciones mercantiles que se construyen a su alrededor.

Hace unas cuántas décadas se discutía si el turismo constituía o no una real fuente de crecimiento y desarrollo económico local. Hoy se lo considera fundamental para la sustentabilidad e, incluso, está incluido en los internacionales Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS) de la Agenda 2030. Sin embargo, muchos estudios críticos siguen destacando sus impactos desiguales a escala local y global. Tensión que ha llegado a la música de moda: el último disco de BadBunny, “DeBíTiRaRMáSFOtoS” ha sido planteado como una crítica a la gentrificación producto del crecimiento inmobiliario turístico en Puerto Rico.


Lo cierto es que no importa cuánto intentemos negarlo, pero el colonialismo y el turismo nacieron juntos y son parientes. Entonces, si el turismo es un agente de modernización y colonización, ¿sigue replicando patrones locales e internacionales de acumulación de poder (económico o político)? ¿Quién se queda con la torta (el viaje, la plata y/o los paisajes)?

En un presente tan globalizado, los turismos reúnen muchísimas dimensiones y son muy diversos. Según Antonio Nogués-Pedregal, otro antropólogo, actualmente puede pensarse a los turismos tanto como transformadores de sociedades como un vehículo para conocer a los otros, teniendo en cuenta sus creencias y conocimientos. Cada vez son más las personas que buscan “adentrarse en las culturas locales” al momento de viajar. Allí emerge el riesgo de la industria turística: “mercantilizar la cultura”, comercializar los lugares más bellos y generar imágenes fetiches esencializadas.

Sobre Brasil, Rodrigo J. Soto Bouhier (historiador de la UBA especializado en las avanzadas del neoliberalismo brasileño-argentino) reconoce que el fenómeno argentino tiene tres aristas:

1) La última devaluación del Real

2) El dólar en Argentina esta planchado como una primavera menemista de “plata dulce”… (deja la pregunta de ¿a costa de qué?)

3) El respiro de algunos sectores que pueden darse el gusto en “libertad”, como irse a Miami pero más cercano.


La mercantilización del goce es también una expresión del acceso cada vez más recortado al disfrute y al viaje. Dudosamente la billetera de los aproximadamente 25 millones de argentinos bajo la línea de pobreza tenga el respiro para irse de viaje turístico al exterior.

El auge del turismo en Brasil nos invita a pensar las conductas humanas, podríamos limitar la opinión al motivo económico, pero esto sería tapar otras realidades. Debemos reconocer, de forma más integral, que hay diversas razones que entran en juego a la hora de “hacer turismo”: el deseo de explorar lugares nuevos; de salir de los espacios conocidos para acceder a playas que en el territorio propio no hay; de comer platos nuevos; las condiciones económicas familiares o, por qué no, una forma de escapar un poco de la realidad argentina que cada día parece más cruenta e irreal.