Colectivo Páramo es una cooperativa integrada por proyectos cuyos integrantes son mayoritariamente oriundos de Gualeguaychú, pero que viven en la ciudad de Buenos Aires. Es producto de la búsqueda de una forma diferente de organizarse, de vivir la música y de pensar el trabajo artístico desde la cooperatividad, la amistad y la autogestión.
En diálogo con La Mala, Genaro Terreni, Sacha Lonardi y Federico Pérez hablaron de algunas de las motivaciones del grupo: “Nos resulta crucial agruparnos y organizarnos de manera que encontrar una salida conjunta para llevar las propuestas musicales-estéticas y llevarlas a cabo de forma profesional y auto-gestionada, y que eso sea potable y fructífero para cada proyecto”.
Los integrantes destacaron, a la hora de formar la cooperativa, un valor en particular: “Lo que nos une más allá de la música es, como fuente principal, la amistad. Algunos nos conocemos hace muchos años, cada banda es una especie de familia con todas sus particulares y complejidades, por lo que cuidar nuestra amistad y ganas de crecer juntos es fundamental para el colectivo”.
En relación a las particularidades del proyecto, Genaro resaltó que, a diferencia de otras bandas o experiencias individuales, este modo de organización pone en juego “la experiencia previa que cada uno trae y aporta, y que hacen que estemos todos tirando para el mismo lado, más allá de lo estético”. Y agregó: “es un espacio donde cada uno tamiza situaciones, quizás no tan fortuitas, para poder cuidarnos y cuidar el grupo, priorizando la parte humana por sobre todo y el desarrollo de cada banda”.

“Otro de los valores que empuja al colectivo es el de la cooperatividad, para poder salir adelante con todo sin que nadie quede afuera”, siguió Sacha. “Creemos que la organización y el compañerismo pueden vencer las adversidades que se a menudo se presentan habitando un país tan grande, con sus nichos ya constituidos y en los cuales muchas veces es difícil hacerse un lugar para mostrarse. Por otro lado, también es imprescindible divertirse y compartir tiempo de calidad que indefectiblemente se termine visibilizando en nuestro trabajo como colectivo. Admiramos todos nuestros proyectos y nos hace felices vernos felices, realizándonos con lo que más nos gusta: la música”.
Los integrantes de Páramo explicaron que la música que desarrollan los artistas de la cooperativa es variada y se encuentra siempre en expansión: “Podríamos ahondar en distintos subgéneros, pero nos gusta decir que hacemos rock, sin más; nos inspira nuestra historia musical nacional por ser un crisol de movimientos estéticos y cada proyecto a su manera ahonda en esto con preferencias estéticas distintas que van desde el new wave, la psicodelia, hasta el punk en su versión más futurista”.
“Es un espacio donde cada uno tamiza situaciones, quizás no tan fortuitas, para poder cuidarnos y cuidar el grupo, priorizando la parte humana por sobre todo y el desarrollo de cada banda”

“En palabras más sencillas, hacemos canciones actuales que conservan el gen de nuestro rock nacional. Invitamos a la gente a escuchar las diferentes bandas para descubrir lo que muchas veces a nosotros como músicos nos cuesta poner en palabras sencillas”, señalaron, y también subrayaron que “es difícil asignar a las bandas un estilo en particular, sin embargo, hay una sonoridad estética que las atraviesa a todas en un punto: música del río, liquida y barrosa”.
Además del trabajo musical, los integrantes realizan otras acciones en conjunto. Desde la parte organizativa de los eventos, como el armado y desarmado de todos los equipos de sonido e iluminación a la parte gráfica y visual, que es un pilar muy importante y característica del colectivo. Otro punto preponderante son las grabaciones, la producción y la post producción, que son llevadas a cabo por distintos integrantes.
LA MÚSICA DEL RÍO COMO MENSAJE

“Lo que nos desvela es a lo que todo argentino se va acostumbrando”, dijeron los integrantes de Colectivo Páramo: “Estamos en un momento de país extraño y solemne. Somos testigos día a día de injusticias que no debieran tener lugar en esta tierra, injusticias con las que hace mucho convivimos, pero que se han legitimado e institucionalizado como si el Estado se hubiera volcado a la clandestinidad total. La urgencia también es proponer un refugio para quienes se sientan excluidos por los aires que corren de momento, también para quienes quieran encontrar un lugar donde divertirse y hacer una catarsis colectiva”.

Sobre la escena musical actual, los músicos manifestaron que la misma está en crecimiento constante: “Hay bandas y propuestas artísticas a la carta, sin embargo, muchas veces también hay una sensación de carencia de motivaciones genuinas; rebeldías que estén al servicio de una causa más grande que el individuo mismo. Muchos proyectos musicales que supieron cortar la maleza para mostrar la fiebre actual del mundo fueron encontrando, a menudo, un lugar cómodo y perdiendo así esa esencia que movía montañas, para simplemente transformarse en una experiencia controlada de rebeldía para clases medias metropolitanas”.
“La urgencia también es de proponer un refugio para quienes se sientan excluidos por los aires que corren de momento”
“Nos nace, también, destacar que el modismo de varios espacios para tocar fue bajando su calidad: las posibilidades siempre están atadas a un convenio que favorece a los espacios y no a los artistas que los hacen funcionar con las propuestas”, aseguraron Genaro, Sacha y Fede. Y cuestionaron la vuelta de “esa vieja costumbre de tener que pagar para tocar, lo cual nos resulta clasista y excluyente, ya que si no tenés plata sencillamente no hay fecha. Gran parte de los lugares para tocar funcionan como salones de eventos, pero con la fachada de underground”.

“Queremos hacer la música que nos gusta, escribir y cantar las letras que nos conmueven, abrazar a nuestros amigos en un pogo, vivir la adrenalina de tocar y sacar discos que se escuchen lo mejor posible”, concluyeron los integrantes de Colectivo Páramo.
