Breve biografía
José María Sobral nació en Gualeguaychú, Entre Ríos, el 14 de abril de 1880. Hijo del escribano Enrique Sobral, secretario del Juzgado de Instrucción, y de María Luisa Iturrioz. Fue el mayor de una familia de ocho hermanos. Los Sobral vivían en calle San Martín 633, frente al Circulo Italiano. Actualmente, en la puerta de la casa hay un recordatorio.
José María completó su educación secundaria en Buenos Aires. En el año 1895 ingresó en la Escuela Naval de Palermo, de la cual egresó como Guardiamarina en agosto de 1898. El joven Sobral fue parte de la tripulación del primer viaje de instrucción de la Fragata Sarmiento, que duró 22 meses, entre 1899 y 1900. Ese viaje lo llevó a conocer Chile, Panamá, Japón, China, Egipto, Italia, España, Cuba, Estados Unidos y Brasil.
En 1901 le llegaría una oportunidad única.
La expedición científica sueca
Sobral tenía 21 años cuando Otto Nordenskjöld, un científico sueco que venía de una familia de tradición expedicionaria, emprendió su proyecto de incursión científica a la Antártida, que en ese entonces era un continente aún desconocido en su mayor parte.
Nordenskjöld tenía 33 años. Con el buque Antarctic, comandado por el capitán noruego Carl Larsen, un marino prestigioso y experimentado navegante de aguas antárticas, se inició la expedición.
La tripulación del Antarctic estaba conformada por suecos y noruegos, y el grupo que invernaría en la península antártica estaba integrado por el Dr. Nordenskjöld como jefe de la expedición; Gosta Bodman, meteorólogo; Carl Skottsberg, botánico; K. A. Andersson, oceanógrafo; Axel Ohlin, zoólogo; S. Ekelof, doctor y S.A. Duse, cartógrafo.
El Antarctic salió el 16 de octubre de 1901. Arribó a Buenos Aires el 16 de diciembre de 1901.
Por entonces, el presidente de la Nación era Julio Argentino Roca, y el gobierno argentino estaba interesado en incorporar al grupo expedicionario a un oficial de la Marina de Guerra Argentina. Las autoridades del Ministerio de Guerra y Marina eligieron sobre cinco candidatos al alférez José María Sobral. Argentina quería acceder a información sobre la Antártida, en tanto a Nordenskjöld y los expedicionarios les servía sumar un integrante argentino, además de que la negociación incluyó la posibilidad de contar con una carga de carbón en la isla de los Estados.

Sobre su primer encuentro con Sobral, Nordenskjöld expresó: “El 17 de diciembre, por la mañana, vi por primera vez al entonces subteniente don José María Sobral. Me pareció tan sencillo, tan simpático, tan entusiasta y tan valiente, que dejando de lado todas mis vacilaciones, me decidí a admitirlo definitivamente, y el mismo día quedó arreglada la cuestión”.
Por su parte, Sobral recuerda en su libro Dos años entre los hielos. 1901 – 1903 el significado personal de esa oportunidad: “Mi ideal acariciado desde la niñez se realizaba en este momento, pues siempre fueron mis deseos hacer un viaje como el que iba a emprender”.
“Mi ideal acariciado desde la niñez se realizaba en este momento, pues siempre fueron mis deseos hacer un viaje como el que iba a emprender”
El Antarctic partió de Buenos Aires el 20 de diciembre de 1901, rumbo al sur. “El 20 por la mañana embarcaba mi equipaje y estaba listo para zarpar (…) llegó el momento de la despedida. Abrace a todos, mi madre deshecha en llanto me hacía mil recomendaciones”, apuntaba Sobral.
Dos años entre los hielos (1901 – 1903)
Salieron entonces de Buenos Aires, y a los 10 días llegaron a las Islas Malvinas, donde hicieron escala, y aprovecharon para comprar 8 perros malvineros, de origen escocés. Estos se sumaban a otro grupo de perros de origen groenlandés que habían partido de Suecia.
Luego fueron a la Isla de los Estados donde visitaron un observatorio magnético de la Marina argentina y cargaron carbón. En su diario, Sobral va plasmando sus impresiones sobre un paisaje que se va haciendo desconocido, con la aparición de grandes icebergs, ballenas, y con notorios cambios de temperatura.
El viaje continúa y el 10 de enero de 1902 contemplan los grandes témpanos en la zona de las islas Shetland del sur. “Comienzan los misterios polares” dice Sobral, y agrega “Desde el puente contemplo la lucha del hombre que con la fuerza de la ciencia en medio de este océano embravecido se bate con los elementos desencadenados”.
Aparecen a su vista glaciares enormes, animales propios del continente como focas, ballenas y pingüinos. El mar poblado de hielos requiere de la pericia del capitán Larsen, que luego de varias observaciones hace llegar al Antarctic a la isla de Cerro Nevado (Snow Hill), el 12 de febrero. Nordenskjöld observa y no tiene dudas: es el lugar elegido para asentarse e instalar la casa.
“Al parecer, en el paraje donde colocamos la estación no existe vida animal, no vemos pájaros y solamente hemos encontrado una foca cerca de la playa” advierte Sobral.
Allí construyen la casa que, por cierto, todavía está en pie y es un sitio histórico. Allí debían permanecer para realizar los estudios y mediciones, en tanto el Antarctic debía partir hacia Ushuaia y desde allí realizar exploraciones científicas en el Atlántico sur, para luego regresar en noviembre de ese 1902 al rescate de los expedicionarios de Nordenskjöld.

El Antarctic se alejó el 21 de febrero, y quedaron en la Antártida: Nordenskjöld (33 años), Bodman (26), Ekelof (26) y Sobral (21), los tres integrantes de la comisión de estudio; Akerlundh (19) y Jonassen (28), que eran marineros y se dedicarían a tareas generales. Como vemos, todos muy jóvenes, al menos para los criterios de hoy.
Sobral se impresionó al hacerse consciente que quedaban solos, en ese continente inhóspito y desconocido: “Con la partida del Antartic nuestro aislamiento del mundo civilizado es absoluto, hasta su regreso nada sabremos de la humanidad ni esta tendrá noticias nuestras”.
Cabe apuntar que julio era el mes más frío, y particularmente el 1902 fue un año muy crudo en ese sentido. Los registros marcan temperaturas de hasta 41 grados bajo cero. Aunque, dentro de la casa lograban tener buena temperatura gracias a las estufas alimentadas con carbón o kerosene.
Trabajo científico
El objetivo principal de la expedición era realizar observaciones y mediciones científicas, meteorológicas y biológicas, por lo que la estadía en la Antártida supuso la realización de travesías y trabajos de investigación. Para ello, el grupo realizó expediciones en trineo tirado por perros. Los mejores en eso resultaron los animales groenlandeses. La estación meteorológica magnética hacía mediciones y pruebas de tierra, agua y aire.
Sobral relata las peripecias en estas incursiones, el agotamiento físico, los peligros y la hostilidad de un clima signado por fuertes vientos y bajas temperaturas: “Cuando el sufrimiento de la sed y del cansancio llega a su máximum y las fauces secas queman la garganta, nuestra imaginación, en vez de embotarse, trabajaba activamente, pero volando en alas de fantasía. Me acordaba del campo de mi provincia y veía una casita que me es muy conocida rodeada de grandes árboles y que por sus cercanías corre bullicioso un arroyito, en el que aprendí a nadar”.
Sobral cuenta además que, en una de esas expediciones, debido a los vientos fuertes se les rompió la tienda donde debían dormir, y que para coserla debió sacarse los guantes. En esa operación se le entumecieron los dedos por congelamiento, los cuales volvieron a su movilidad luego de varios días de tratamiento, ya en la casa.
“Me acordaba del campo de mi provincia y veía una casita que me es muy conocida rodeada de grandes árboles y que por sus cercanías corre bullicioso un arroyito, en el que aprendí a nadar”
Pasa el invierno y, tras concretar los trabajos programados, los seis expedicionarios se encuentran ya transitando noviembre de 1902, a la espera del Antarctic, que debía buscarlos. Pasan los días. Miran desde los cerros hacia el mar, pero no se divisa nada más que hielo y agua. Esperan. Al llegar el año nuevo se convencen de que algo, sin dudas, había pasado.

Ya en 1903 el ánimo cambia. Reina la desazón. “Los días son todos iguales”, apunta Sobral en su diario. “¡Qué ganas de oír un poco de música!”.
El año 1903 avanza, por lo que Nordenskjöld y su grupo se preparan para pasar un invierno más, de yapa, en la Antártida. Comienzan a escasear algunos víveres: azúcar, combustible. “Todas las focas que se ven se cazan para recoger la grasa, que nos sirve para quemar y la carne para comer. Nosotros y los perros. Todos los pájaros que se ven se matan”, explica Sobral.
Se programan nuevas expediciones sobre el terreno. El 12 de octubre de 1903 Nordenskjöld y Jonassen salen hacia la Isla Paulet, donde sucede un hecho inesperado. De pronto, a lo lejos, ven tres figuras. Al principio parecen pingüinos grandes, pero luego claramente se hacen humanas. Nordenskjöld prepara su máuser, creyendo que pueden ser “habitantes naturales” desconocidos. Ya frente a frente se encuentran con tres hombres, muy sucios, con barbas largas, que de repente los saludan… ¡en idioma sueco! Eran el geólogo Andersson, el teniente Duse y el marinero Grunden ¡del Antarctic!

¿Qué hacían ahí y así? Resulta que en noviembre de 1902 el Antarctic salió efectivamente de Ushuaia rumbo a la Antártida. Pasó por el canal de Bélgica y ante dificultades con los hielos, en monte Bransfield, la tripulación acordó que tres asuman la misión de llegar desde allí y por tierra a Cerro Nevado, para luego regresar todos a Bransfield. En febrero de 1903 serían recogidos por el Antarctic. Andersson, Duse y Grunden intentaron entonces avanzar, pero les fue imposible por el estado de los hielos y la dificultad de los pasos. Volvieron a Bransfield, a esperar al Antarctic. Pero este nunca llegó, por lo que se prepararon para una invernada. Improvisaron una choza y así pasaron 9 meses, comiendo pingüinos y focas. Pasado el invierno intentaron nuevamente avanzar y así se encontraron con Nordenskjöld y Jonassen. Volvieron entonces al refugio de Cerro Nevado.
El grupo de la casa se había ampliado. Pero continuaba el misterio ¿Qué había pasado entonces con el Antarctic? Eso lo sabremos al momento del rescate de la expedición.
Se viene el rescate
Mientras tanto en Buenos Aires, al iniciarse el año 1903 sin noticias de los expedicionarios, comienzan a preocuparse. En el mes de abril, al no tener novedades, el gobierno argentino decidió emprender la campaña de auxilio y se decide enviar una nave: la corbeta Uruguay.
Al mando de esta estaría el entonces teniente de navío Julián Irizar. El 8 de octubre de 1903 partió la Uruguay desde Buenos Aires rumbo al sur. Pero aquí vale apuntar otro dato importantísimo ¿Quién era el segundo al mando de la corbeta Uruguay? Ricardo Ireneo Hermelo, tan gualeguaychuense como Sobral.
El 7 de noviembre de 1903, navegando con cuidado para no colisionar con témpanos la nave logró llegar a las cercanías de Cerro Nevado. Al día siguiente desembarcan Irizar y un grupo de hombres, y luego de recorrer 20 kilómetros llegan a Cerro Nevado. Hermelo, mientras tanto, queda a cargo de la Uruguay.
Sobral recuerda el exacto momento en que divisa a sus compatriotas llegar: “Fue un momento indescriptible, indefinible, yo lo he sentido, pero no lo puedo definir, lo que puedo decir es que en esos momentos me sentí orgulloso de mi patria, de esos compañeros que hasta allí fueron con la Uruguay (…) El éxito de la Uruguay eran un triunfo para mi patria”.
“Fue un momento indescriptible, indefinible, yo lo he sentido, pero no lo puedo definir, lo que puedo decir es que en esos momentos me sentí orgulloso de mi patria”
Irizar y el grupo llegan a la casa. Conversan con Nordenskjöld sobre qué podría haber pasado con el Antarctic. Y como si a ese día le faltara algo para ser histórico sucedió lo inesperado. A las 10 de la noche los hombres de la casa escuchan a los perros ladrar, se divisan figuras humanas. ¡Eran el capitán Larsen y seis náufragos del Antarctic!
El capitán Larsen ingresa a la casa y devela allí el misterio del Antarctic. La nave había quedado aprisionada por los hielos y se había hundido el 12 de febrero de 1903, cerca de la Isla Paulet. Ante esta situación, Larsen y la tripulación fabricaron una choza con piedras, lonas y maderas, y allí pasaron el invierno de 1903. En esa cruda invernada muere el marinero Wennersgaard.
Un grupo de tripulantes aguardaba aún en la isla Paulet a ser rescatados.

Partida
El 10 de noviembre de 1903 la corbeta Uruguay partió de Cerro Nevado. Pasan por Paulet, a buscar a los que habían quedado del Antarctic esperando a Larsen. El 22 de noviembre de 1903 la corbeta Uruguay arribó a Santa Cruz, para luego seguir rumbo a Buenos Aires.
El 2 de diciembre la Uruguay ingresa a la capital argentina, ante una recepción multitudinaria e impresionante. Sobral es agasajado y tratado como héroe nacional, y lo era ciertamente. En esos días da conferencias y mantiene encuentros con autoridades, sin descanso. Este lo encontrará en su pueblo natal, que lo esperaba ansioso. El 27 de diciembre de 1903 Sobral y Hermelo llegan al puerto de Gualeguaychú, y el pueblo los recibió con toda felicidad y orgullo. Una multitud lo recibe y lo acompaña caminando hasta su casa.
Sobral, el geólogo
En agosto de 1905 viajó a Suecia para estudiar Geología en la Universidad de Uppsala. Allí estudió, y se casó con Elna W. Klingstrom, en septiembre de 1906. La pareja tuvo nueve hijos, cuatro de ellos suecos y cinco argentinos. En 1914 regresó al país y, como primer geólogo argentino con título universitario, ingresó a trabajar en la Dirección General de Minas e Hidrografía, donde llegó a ser Director General en el año 1922.
En 1930 fue nombrado Cónsul General en Noruega y a fines de 1931 ingresó como geólogo en Yacimientos Petrolíferos Fiscales donde se jubiló en 1935. A partir de ese momento Sobral continuó recorriendo el país, haciendo estudios geológicos, publicando artículos científicos y dando conferencias.
Falleció el 14 de abril de 1961, día de su cumpleaños número 81, en Buenos Aires.
Legado
Quiero terminar esta columna con las palabras del propio José María Sobral, porque estas resultan oportunas hoy en tanto resuenan sobre cuestiones como la soberanía territorial y la necesaria mirada estratégica sobre nuestra nación.
“Nuestros futuros intereses en los mares del sur están en juego; todo lo que está al este del meridiano 70 es nuestra natural herencia y no debemos abandonarla”. “Extenso campo para los actos más grandes, para desarrollar el máximum de las energías físicas y morales, para sufrir las más fuertes emociones nos ofrece el país del hielo”.

Bibliografía de referencia
Destéfani Laurio (1974), El Alférez Sobral y la soberanía argentina en la Antártida, Centro Naval.
Sobral José María (2023), Dos años entre los hielos. 1901-1903, Eudeba.
Cuadernos de Gualeguaychú. “Los eneros de Sobral” por Nati Sarrot (Nº 8); “Nuestra bandera entre los hielos” por Nati Sarrot (Nº 18); “Doctor José María Sobral, el investigador” por Nati Sarrot (Nº 75); “José María Sobral. El héroe regresa a su tierra” por Nati Sarrot (Nº 195).
